Opinión

Con Vaca Muerta no alcanza

En una columna de opinión, el exlegislador Francisco Sánchez sostuvo que la provincia atraviesa un auge económico histórico, pero alertó sobre la necesidad de transformar la renta petrolera en desarrollo sostenible.

Neuquén está viviendo el mayor auge económico de su historia. Nunca antes produjo tanto petróleo. Nunca antes llegaron tantas inversiones. Nunca antes se anunciaron proyectos de exportación tan ambiciosos.
Y sin embargo, cada vez son más los neuquinos que sienten que la prosperidad pasa delante de sus ojos sin detenerse en sus casas.
La producción petrolera ya supera los 600.000 barriles diarios y sigue creciendo. Se proyectan exportaciones multimillonarias, nuevos oleoductos, plantas de GNL y una expansión que podría extenderse durante décadas. Todo eso es una gran noticia. Sería absurdo negarlo.
Pero también sería un error creer que eso alcanza para garantizar el desarrollo de Neuquén. La historia está llena de regiones que fueron inmensamente ricas en recursos naturales y que, aun así, no lograron construir sociedades prósperas y sostenibles.
Creo que hoy debería inquietarnos qué quedará cuando esta oportunidad extraordinaria haya pasado. Y es que, si observamos con honestidad o sin mezquindad sectorial nuestra realidad, aparecen señales preocupantes.
Mientras el mundo demanda cada vez más conocimiento, innovación y tecnología, nuestro sistema educativo sigue atrapado en discusiones que parecen pertenecer al siglo pasado. Los resultados educativos no mejoran, la exigencia académica se debilita y buena parte de las decisiones parecen responder más a intereses corporativos que a las necesidades de los estudiantes. Durante años, la educación neuquina fue tomada como un espacio de disputa política y gremial cuando debería haber sido el principal motor de movilidad social y progreso.
Dentro de quince años, quienes hoy están en las aulas deberían estar liderando empresas, desarrollando tecnología, creando empleo y ocupando los puestos de mayor responsabilidad. Sin embargo, demasiados jóvenes egresan sin las herramientas que demandará la economía del futuro. Mientras el mundo exige más matemática, más ciencias, más tecnología, más idiomas y más capacidad de innovación, nosotros seguimos discutiendo cuestiones que poco tienen que ver con los desafíos reales que enfrentarán las próximas generaciones.
Tampoco parece razonable lo que ocurre con las empresas neuquinas.
Las grandes operadoras exigen eficiencia, productividad y competitividad internacional. Es lógico que así sea. Pero mientras las grandes compañías reciben regímenes especiales, estabilidad fiscal e incentivos extraordinarios, las pequeñas y medianas empresas locales deben enfrentar la presión simultánea de las operadoras, los sindicatos y tres niveles de gobierno que parecen haber encontrado en ellas una fuente inagotable de recursos.
Se les exige competir con estándares globales, pero se las obliga a cargar con costos locales cada vez más pesados.
Y cuando los márgenes desaparecen, desaparece también la posibilidad de invertir, innovar, incorporar tecnología o crecer.
La consecuencia lógica es que Neuquén genera más actividad económica, pero no necesariamente genera más desarrollo empresarial local.
A esto se suma un problema todavía más profundo.
Durante décadas se construyó un sistema político que se acostumbró a administrar abundancia. Cada nueva etapa de crecimiento fue acompañada por más gasto, más estructuras, más organismos y más dependencias. Pero muy pocas veces se fortalecieron las instituciones encargadas de controlar, planificar y proyectar el futuro.
Mientras los ingresos aumentan, también aumentan las demandas. Crecen las ciudades, colapsan las rutas, faltan viviendas, se saturan los servicios y la infraestructura siempre parece correr detrás de la realidad.
La respuesta habitual ha sido cobrar más, recaudar más y expandir más el Estado.
Pero esa lógica tiene un límite.
Porque los neuquinos también viven las consecuencias del crecimiento desordenado. Pagan alquileres cada vez más altos, ven cómo aumenta el costo de vida soportan más tránsito, más congestión y mayores dificultades para acceder a una vivienda propia. Escuchan hablar de récords de producción mientras sienten que llegar a fin de mes resulta cada vez más difícil.
Entonces, si Neuquén genera tanta riqueza, ¿por qué vivir en Neuquén es cada vez más caro?
Tal vez porque hemos confundido crecimiento con desarrollo.
El desarrollo verdadero no consiste en extraer más recursos, sino en utilizar esos recursos para construir algo que sobreviva cuando ya no estén.
Eso significa una educación exigente orientada a las habilidades del futuro. Significa infraestructura vial, urbana y digital capaz de acompañar el crecimiento. Significa universidades conectadas con la producción. Significa promover la innovación tecnológica. Significa fortalecer empresas locales para que compitan y exporten. Significa diversificar la economía hacia actividades que no dependan exclusivamente de los vaivenes del petróleo.
Vaca Muerta es una oportunidad extraordinaria. Probablemente la mayor que tuvo Neuquén en toda su historia.
Pero ninguna sociedad se desarrolla únicamente extrayendo recursos naturales. Las sociedades que prosperan son aquellas que aprovechan esos recursos para construir instituciones sólidas, capital humano y capacidad productiva propia.
El petróleo puede financiar el futuro, pero no puede reemplazarlo. Y cuanto más tardemos en comprenderlo, más cerca estaremos de descubrir que la verdadera riqueza no era el petróleo que había bajo nuestros pies, sino el tiempo que teníamos para prepararnos para el día después.
Francisco Sánchez
Ex Diputado Nacional por Neuquén

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